La campaña está pasando sin pena ni gloria. Los debates ni siquiera obedecen a la forma que debía ser respetada: todos sentados a la misma mesa y con las mismas oportunidades. No. Ya eso no se entiende. Ahora se desprecia la participación, quizá porque ni esta campaña sea una auténtica campaña, quizá porque ni tan siquiera la clase política la entienda.
Aquí parece que hemos llegado a un escenario de ellos y nosotros. Ellos, los políticos, son los que se la juegan. Nosotros, los ciudadanos, somos los más indecisos, los que estemos más alejados de la importancia que debieran tener unas generales. Nunca, de hecho, se vivieron unos momentos de más oscuridad y tristeza en torno a una campaña.
Aquí en Ceuta, estamos asistiendo al paseo ‘de puente’ que se están cargando los candidatos. Unos y otros lanzan sus propuestas mientras la ciudadanía va a lo suyo, intentando resolver sus auténticas preocupaciones que pasan ya no solo por cómo serán las fiestas sino cómo podrán afrontarlas económicamente. Y para eso, los partidos no tienen respuestas. Tampoco promesas. Con decir que habrá más empleo, que ayudarán a los autónomos (¿alguna vez lo hicieron?), que mejorarán el país y la atención a la juventud... todo a cambio de un voto, ya tienen bastante.
En este puente que ha dejado a Ceuta más ciudad-fantasma de lo que es, en este puente en el que los que piden el voto poco han hecho para enganchar a la ciudadanía... la campaña más parece una opción marcada en el televisor a la que pocos queremos animarnos siquiera a echar un vistazo.
Es la guerra de ellos frente a los planteamientos de nosotros; son los debates de ellos frente a las preocupaciones de nosotros; son las batallitas de ellos frente a las que tenemos que afrontar nosotros. Todo aparece extraño, todo se nos presenta de una forma que cuesta asimilar, todo esto parece sacado de un escenario en el que nunca pudimos participar. Ellos, los candidatos, se pasean por nuestros barrios, nos sonríen, ponen cara de preocuparse por lo que nos preocupa, nos prometen mejoras, nos reclaman, nos buscan con la mirada... y nosotros, alejados de esas parcelas de poder todavía estamos pensando qué hacer ante un panorama en el que poco se ha hecho. Qué triste, pero así es.